La tremebunda historia de aquel que contaba historias II 29 April 2004
Posted by Don Arturo in : General , trackback-Tantos años vividos en este mundo no han servido de nada, se han reinventado las fórmulas de la violencia y la fantasía, sin que nadie en realidad siga el apunte a nada. He visto, a través de los ojos de la prosa y la literatura, la debacle del animal aquel que se hace llamar “humano”.
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Una tarde de Febrero, el perro de las desgracias futuras se unió al camino del que cuenta historias, que por aquellos días se llamaba Elizabeth y fumaba cigarros Capri. A través de las frías miradas del animal y la sutil mirada femenina del que cuenta historias, se dieron cuenta del silencio y la eternidad de un entendimiento férreo que va más allá de los tecnicismos del hombre.
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-Tras muchas revoluciones, un día llegué a llamarme Carlos Gil y decidí que la vida me importaba un pepino. Decidí vivir la vida y ya. ¿Contar historias? Neh, ya era secundario. Solo me importaba vivir para mi…para nadie más…nadie merecería mis palabras, ni mis acciones ni mis muy gráficos gestos.
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En el amanecer del día 6 del mes 11 del algún año que ya se ha perdido en la memoria de todos, apareció en la vida del que cuenta historias la tortuga de las desgracias pasadas, con ese ritmo tan parsimonioso de vida propio de las tortugas. En la mirada cansada de la tortuga y la irritabilidad entonces reinante en el que cuenta historias, en esos días llamado Jorge, descubrieron la eternidad abrumadora y repetitiva de los hechos que se encargarán de nublar nuestros días por el resto de la historia de la humanidad.
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-He visto el fin de la memoria y la palabra, he visto flores marchitarse al paso de los vivos que me acompañan en el viaje a la podredumbre. He visto caer a las hojas del calendario con un vertiginoso son. Me vi en el espejo tantas veces como nombres y fechas de nacimiento tuve…vi el rostro de la indesición y la enfermedad de melancolía.
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Las ciudades del mundo eran por él conocidas: tomó café en Praga, nació en Melbourne, disertó filosofía lacaniana en Santiago y derramó dos lágrimas en Casablanca.
Pero hubo cierta noche…
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-Esa infausta noche…
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…una noche de copas y cuentos en Mallorca…
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-…la recuerdo muy bien…era martes y llovía…
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…cuando al que contaba historias…
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-…cuando de mi…
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…se le empezó a acabar el mundo.
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-…el mundo empezó a agotarse.
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Se dice…
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-Se cree…
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…que ese fue el principio del fin…
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-…que ahí empezó la muerte…
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…de aquel que se llamaba…
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-…de mi ser…
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…”el que contaba historias”.
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-Así se dice que fue.


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