jump to navigation

Tiempo y nada 26 November 2007

Posted by Don Arturo in : General , trackback

Crecer implica contraer compromisos (como se contraen deudas, enfermedades…y matrimonios) y descubrir que, mientras más andas por este camino, te vas apropiando de una frase que antes, cuando niño, relacionabas al mundo inexpugnable, ajeno y distante de los adultos: “no tengo tiempo”.

“No tengo tiempo”. El lacónico comentario sirve como defensa, argumento, ataque y justificación al mismo tiempo. Sabiéndolo esgrimir, se pueden obtener una cantidad indeterminada de patentes de corso para no ejercer otros papeles en la vida. Desafortunadamente, en estos lances uno debe también sacrificar lo que le gusta, si no fuera así, creo que la vida sería muy cómoda. Y no, eso no se vale ni es deportivo. Cuando uno se llena de actividades, lo único que desea hacer en sus horas no laborales es, irónicamente, no hacer nada. Regresas a casa, comes y duermes. Qué reduccionismo tan simpático. ¿Y qué más? Pues nada, por que “no hay tiempo” para nada más.

Hablaré de mi. Trabajo como jefe de unidad en una dependencia universitaria y como profesor de preparatoria en las noches. Mi horario es, por decir lo menos, vertiginoso. La hora de entrada es muy clara, mas nunca la de salida. Si todo sale bien, me desocupo para antes de las 7 de la noche, hora a la cual tengo que correr a la prepa y atender mis últimas actividades. No hay “tiempos muertos”. Cuando los hay, de repente, practico tae kwon do. Sin embargo, y debido a mi lesión en el tobillo, he tenido que suspender mi práctica y disminuir mi ritmo de trabajo. Ojo: disminuir. No me incapacité, aunque bien pude haberlo hecho. ¿Por qué? Por que “no tengo tiempo”, ni para atender mi salud, ¿ya ven?

Sin embargo, la salud siempre se las ingenia para salirse con la suya. Mi recuperación ha sido lenta, por lo que he decidido incapacitarme de facto y pedido permiso para ausentarme de la prepa. Y bueno, que les digo, que de repente tengo una porción muy considerable de tiempo para mi solito. Para usarla como mejor me plazca. Eso puede ser un problema si no estás listo ni dispuesto a ejercer una especie de libertad horaria transitoria.

¿Qué tanto he hecho a partir de que salgo de la oficina todos estos días de incapacidad? Algo digno de remarcarse, creo que incluso de emularse: actividades que rayan en la nada. “Esa nada tan llena de todo”, escribí hace tiempo. Lo mejor de esto es que me permite ejercer mi poder de desición, poder que muy pocos de nosotros conocemos y que aun menos ejercemos. Bien puedo ver la televisión, o sentarme en el patio, o tirarme en la cama con buena música o buena charla (o las dos), o comprarme unas sabritas y echarles mucho chile. Las posibilidades son inmensas, tantas como se me puedan ocurrir. En estos días, sobretodo, he vuelto a leer algunos libros que he tenido atorados. Terminé “Rayuela” e “Historia Roja”, lo cual me ha hecho sentir muy gratificado, y he vuelto a empezar a leer a un viejo clásico de este rincón: el buen Germán Dehesa.

Es por todos bien sabido (más por mi familia, que fue la primera que notó esto) que mi estilo de escritura está influenciado por Germán Dehesa. No es para menos. Cuando este blog nació yo era un adolescente con su capacidad de asombro intacta, misma que fue explotada con sabia precisión por las crónicas tan cotidianas de Dehesa. Y de ahí, creo, nació mi amor por contar estas historias que no dicen mucho (menos de un tiempo para acá, en el que este blog se ha hecho especialmente parco). Historias que, si bien nos va, hablan de nada. De nada concreto. De nada serio. De nada que valga le pena recordar o escribirse en placas de bronce para la posteridad. No espero eso (al menos no aquí). Lo único que tengo claro es que este blog debe ser una extensión de mi, y si su escritura se da en mis ratos de ocio transitorio, como este, pues bienvenida sea. Jamás me le he negado a la crónica de mis días.

Recientemente pensé en renunciar a este espacio y no decir nada más. El argumento principal que motivaba este pensamiento era, precisamente, “que no tenía tiempo”. Sin embargo, ceo que de haberlo hecho se hubiera constituido en una gran falta de respeto por toda la historia que aquí se ha contado. No es mi estilo, sería incapaz. Al contrario, creo que me siento en un buen momento para retomar este gusto. Estoy conciente que este espacio libre en mi horario cotidiano no me va a durar mucho, y que de nueva cuenta, en algunos días, volveré a mi ausencia cotidiana y a decir “no tengo tiempo para esto”, pero estoy seguro, y quedan ustedes de testigos, que haré mi mejor esfuerzo para buscarme ese espacio y venirles a contar algo, aunque sea poquito, de ese todo tan complejo que me compone, y que al final de cuentas, al final del día, se reduce a mi tiempo y la nada que lo rodea.

Comments»

1. arboltsef - 26 November 2007

A toda madre tu post. Rebienvenido. Espero esta vez, sea permanente. (La permanencia dura lo mismo que tu nada y a la vez todo, lo sé).

Por cierto, lo de Dehsa te lo dije nomás por chingar. Te aviso por si acaso sigues buscando la falla inexistente.

Besos.

2. Gerson/Tlalocman - 26 November 2007

Yo ando en una situación contraria a la tuya. Tengo todo el tiempo del mundo. Creo que lo mejor es saber aprovechar el mucho o poco tiempo que se tiene y que hacerse del tiempo para esas cosas gratas como respirar, tomar un café, leer un poco… o bien escribir en el blog.

Yo ando redescubriendo al Dehesa en estos momentos: qué fácil es leerlo, qué fácil reírse con él, qué envolvente, cotidiano y ameno es siempre… =)

En fin. Deseo que tengas más momentos como éste.

Un abrazo.

3. Ana - 28 November 2007

Ashis yo tambien leí rayuela =)