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Fin de semana (por fin) 2 November 2009

Posted by Don Arturo in : General , trackback

(A partir de la próxima semana empezaré a titular mis posts con nombres extraidos de la literatura sociológica. Todo lo anterior sin razón o motivo aparente.)

El balance de Puebla aun no lo termino de hacer. Sólo puedo resaltar el hecho de que siempre, no importa como, la peor de las ciudades siempre se muestra más amable cuando tienes la oportunidad de compartirla. Agustín tal vez es el peor de los guías turísticos, pero es un excelente escucha y mejor aun, un conversador agudo y sagaz que se esforzará por mantener puntos de vista insostenibles con tal de seguir conversando (y de chingar, claro, por qué no). Me declaro privilegiado en ese sentido. Con todo y las diferencias, tenemos más cosas en común de las que parecen: un amor incontenible por lo que tenemos, lo que hacemos y por aquellas personas a quienes hemos dejado entrar en nuestras vidas. Como siempre, la despedida se hizo entre promesas de volver a Puebla o de venir a Guadalajara, siempre en mejores circunstancias. La magia de tener amigos, nunca hay que olvidarla.

Debería decir que el regreso a Guadalajara fue terso, pero sería pecar de corto de visiones. La verdad es que fue de claroscuros por donde quiera que se le viera. A mediodía del viernes, fui a toparme con mi personalísima hora marcada: junta en el Centro (llamémosle así), lugar donde pretendo hacer trabajo de campo para mi tesis. El objetivo, aunque loable, no dejaba de ser persecutorio: conocer mi proyecto y sugerir las debidas modificaciones. Cada que recordaba esto último no podía evitar alzar una ceja en señal de reprobación o, al menos, profundo escepticismo. Por más que trataba de mejorar mi actitud, siempre esta fue terrible, esperando lo peor y más si era posible. A final de cuentas no me equivoqué. Aquello fue un intento de reproducir la Lección de anatomía de Rembrandt, sólo que el que debía estar muerto resultó muy respondón. Fue imposible generar un diálogo científico serio. El comité se erigió en jurado calificador y determinó por unanimidad la nulidad de mis argumentos, la impenetrabilidad de mis ideas, la incompetencia de mis profesores y asesores de tesis, la infactibilidad de mi proyecto y, por supuesto, la acientificidad de la sociología. Pero bueno, médicas a fin de cuentas, propusieron un remedio en apariencia bastante sencillo: me apego a su sabio consejo, hago las cosas como quieren, y santísimo remedio. A todo lo anterior asentí con una sonrisilla discreta, mandándolas a La Chingada en mis adentros.

No salí enojado de la junta porque en realidad no había motivos para sentirme así. La gente tan corta de perspectivas me da pena, y eso es peor para aquellos a quienes les dedico tan peculiar sentimiento, porque de automático les he perdido el respeto que, tal vez, alguna vez les tuve. Todo apunta a que tendré que cerrar la fuente, pero como ya lo dije, eso lejos de afectarme me hace sentir a gusto. Si todo sale bien, en mi tesis habrá una dedicatoria al Centro, que dirá más o menos que “al cerrarme las puertas, me abrieron las perspectivas”. Si, si, si. Mucho drama, pero así estoy hecho.

Después de ahí, comida con Laura en un KFC. Dudosa la elección, por supuesto, pero valió la pena. El lugar que escojimos estaba bien ubicado, daba buena vista a la calle, la oportunidad de hablar y reir y ponernos al día (touché). La sobremesa se alargó más de lo debido, producto de la plática y de tantas cosas más que siempre hay que compartir con quien se quiere y que lo mejor siempre es vivir despacio para no perder detalles. De ahí, al Instituto a encontrarme con Gil, otro gran amigo quien me hizo el favor de suplirme en mis dos grupos. Después de platicar largo rato sobre los detalles de las sesiones, algunos pendientes y demás, pasamos la tarde cigarro tras cigarro recordando los tiempos en que fuimos más adolescentes que nunca (la facultad), hablando de los viajes, las juntas, el fallido acto académico, las presiones de la tesis…la vida misma. Esa que tanto se empeñaron en ver Schutz, Goffman, Berger y Luckmann, pero que quizás de tanto ver se olvidaron de vivir las propias. Pero no lo sé, sólo lo intuyo. Yo intento ver y vivir la mía con el debido ritmo, con su propia pompa y circunstancias. Con sus rostros y voces que la componen. Esta semana, difícil por demás, estuvo compuesta por muchos rostros y voces. Me quedo con los más familiares, con los de los amigos y el amor. Personas con las que, promesa o no de por medio, siempre hay la esperanza de vivir y revivir todo lo que vale la pena.

Comments»

1. Anais - 2 November 2009

Tal vez fue un karma por no recordar que los sociólogos no saben hacer trabajo de campo.

2. Don Arturo - 2 November 2009

Lo que digas.